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El
aceite de oliva es el zumo obtenido de las aceitunas
utilizando exclusivamente procedimientos mecánicos:
triturado y batido, para reventar la piel y aplastar la
pulpa del fruto; prensado, para extraer el líquido del
amasijo de la pulpa; y decantación, para separar el
aceite del agua vegetal, que por su peso se deposita en
el fondo.
El
Aceite de Oliva Virgen se extrae exclusivamente por
procedimientos mecánicos u otros medios físicos en
condiciones -especialmente térmicas- que no produzcan la
alteración del aceite, que no haya tenido más
tratamiento que el lavado, la decantación, la
centrifugación y el filtrado. Resultan, por lo tanto,
extremadamente importantes la salud del fruto y la
corrección de todas las operaciones que van de la
cosecha al producto elaborado que llega sobre nuestras
mesas. En función de la corrección de los distintos
pasos de la elaboración, nace un buen Aceite de Oliva,
apto para una larga conservación, durante la que el
producto mantendrá buenas características organolépticas.
De otro modo sólo es posible empeorar el aceite, sea con
una mala elaboración o con una inadecuada conservación.
De frutos sanos y con procedimientos correctos se
consigue un Aceite de Oliva Virgen Extra, mientras que
de frutos que contienen un aceite ordinario se consigue
un aceite no comestible (evidente) que tiene que ser
encaminado a la refinación.
Los rasgos que definen las características sensoriales
de los aceites vírgenes españoles -fragancia, dulzor,
regusto almendrado, sabor a manzanas, afrutamiento,
frescura, etc.- revelan la complejidad de sensaciones
que despiertan en el olfato y el paso de boca. Influyen
también otros tantos factores, como la familia de los
olivos, el tipo de suelo en el que crecen, el terreno en
el que se asientan, las circunstancias de maduración de
las aceitunas, el cuidado con el que se haya realizado
la recolección y molienda, y la climatología. En este
sentido, en España existen tantas variedades de aceite
de mesa como zonas de producción.

Los diversos matices dependen, entre otros muchos
motivos, del punto de maduración de los frutos en el
momento de su recogida. Color y aroma expresan, en una
primera toma de contacto, muchos de sus secretos. Su
escala cromática se dispersa en un amplio abanico de
transparencias descubriendo sus rasgos gustativos. Los
reflejos oscuro-verdosos, característicos de los
líquidos afrutados y tiernamente amargos, corresponden a
aceitunas que aún no han completado su proceso de
maduración, mientras que los destellos amarillo-dorados
pertenecen a aceites dulces obtenidos de frutos de
cosecha tardía.
Más que ningún otro fruto, la aceituna, una vez
desprendida del árbol y debido a su composición de grasa
y aceite, se deteriora muy rápidamente si es almacenada
de cualquier manera y durante más de 48 horas. Además,
el proceso de transformación debe ser rápido, limpio y a
temperaturas moderadas.
Ya obtenido el aceite de oliva, se debe decantar bien,
para que conserve las debidas condiciones en bodega; al
abrigo de la luz, de los cambios de temperatura y en
lugar fresco pero seco (en bodega), con el menor
contacto posible con el oxígeno del aire,
preferiblemente en depósitos de acero inoxidable. |