La
producción

Respecto a la producción mundial, de aceite de oliva y
aceituna de mesa, los dos principales productos de unos
9 millones de hectáreas de olivar, alcanzan 1.750.000 y
930.000 toneladas, respectivamente. Más del 98% del
total de esta producción se localiza en la cuenca del
Mediterráneo.
Con referencia al nivel de producción, España es el
primer país del mundo productor de aceitunas, seguido de
Italia y Grecia. Nuestra producción media de aceite de
oliva alcanza las 540.000 toneladas (el 31% de la
producción mundial) y su exportación se cifra en 210.000
toneladas (35% de los intercambios comerciales).
Liderazgo que ostenta, asimismo, en aceitunas de mesa.
Dentro de España, Castilla-La Mancha es la segunda
región, tras Andalucía, en producción de aceite de
oliva. En concreto, Mora es uno de los municipios de
mayor producción dentro de la región.
El
olivar de Andalucía es el más antiguo y extenso de
Europa, con una superficie de 675.000 hectáreas,
abarcando las provincias de Jaén, Córdoba, Sevilla,
Granada y Málaga, constituyendo auténticos parques
naturales. Zonas de sierra o áreas de campiña, tierras
blancas y rojizas sirven de alfombra a hileras de
olivos, de los que se obtienen exquisitos aceites
plurivarietales. Las variedades más interesantes para la
producción de aceite son las siguientes:
En nuestro país: Arbequina, blanqueta, cornicabra,
empeltre, farga, hojiblanca, lechín, manzanilla y picual.
En Italia: Dolce agoia, maurino, frantoio, leccio y
cucco. En Grecia: Conservolea, mychati de, kalamata,
chalkidiki, megaritici y kothreici.
Por las distintas zonas, los aceites andaluces proceden
en su mayoría de aceituna picual, picudo y hojiblanca.
Son aceites afrutados, huelen a hierbas recién cortadas,
son ligeramente amargos y algo picantes. Además,
demuestran gran resistencia al enranciamiento. Resultan
perfectos para guisar pescados, como el bacalao al
pil-pil, la merluza en salsa verde; sofritos; guisos y
estofados, escabeches y platos que contengan ajo.

Los aceites del Bajo Aragón, obtenidos de la variedad
empeltre, son de sabor dulce, textura viscosa, con un
paladar muy fino aunque con tendencia al enranciamiento.
Son los mejores para elaborar mayonesas o intervenir en
platos delicados de la cocina actual o para realzar un
plato tan andaluz como el ajoblanco de Málaga.
Los aceites catalanes, procedentes de la variedad
arbequina, huelen a manzanas verdes, a almendra y frutos
secos. Son perfectos para aliñar ensaladas de hojas
amargas (achicoria, berros, escarola, endivia, diente de
león, ruqueta o jaramago), y es un incondicional del pan
con tomate.
Los aceites de Toledo se obtienen a partir de la
aceituna cornicabra, ligeramente amargos y picantes, y
con una aplicación semejante a los aceites andaluces.
La importancia de este producto ha crecido hasta el
punto de designar un estilo de cocina en el que la salud
es su único referente. Incluso algún chef, como Jean
Pierre Vandelle, ha convertido al aceite de oliva en la
estrella de su cocina, ya sea de raíces tradicionales o
de inspiración moderna, promoviendo su consumo y
difundiendo su cultura entre los comensales a través de
un carro con
distintas
denominaciones de origen. Como una carta de vinos, el
cocinero invita a practicar el correcto maridaje con
cada uno de los platos. Una tendencia que debería
imponerse en los restaurantes, desterrando de sus mesas
vinagreras carentes de identidad y contenido. Signo de
la nueva cocina de calidad, el aceite de oliva aporta
sabor, aroma y color; modifica las texturas; transmite
calor; integra los alimentos y personaliza e identifica
un plato. Por último, cunde más, en frío y en caliente,
proporciona sabor y aroma más intensos.
Por otro lado, al tratarse de un producto “vivo”,
requiere unas condiciones especiales para su
conservación. Para mantenerlo fresco e íntegro , es
preciso alejarlo del escesivo calor, del aire, de la
humedad y, sobre todo, de la luz. No es conveniente
almacenarlo durante mucho tiempo; si es así, mejor en un
lugar oscuro, fresco y cerrado de forma hermética. La
estancia debe preservarse de olores intensos, ya que
absorbe olores con facilidad. Se recomienda asimismo
utilizar recipientes de vidrio, nunca de hierro, o
tinajas de barro barnizadas por dentro, un continente
perfecto. El aceite de envase metálico, una vez abierto,
será mejor guardarlo en un recipiente de de cristal y
protegerlo de la luz. |