El olivo, cuyo nombre botánico es Olea Europea Sativa,
pertenece a la familia de las Oleáceas y al orden de los
Ligustrales, es una planta de hoja perenne que, según
las áreas geográficas de crecimiento, presenta
variedades diferentes
El cultivo del olivo tiene orígenes muy antiguos El área
característica de crecimiento es la ribera del
Mediterráneo, comprendida entre los paralelos 35° y 45°
de latitud Norte; hoy, en cambio, también encontramos
olivares en regiones lejanas como los Estados Unidos, o
en países del hemisferio austral como Argentina, Nueva
Zelanda o Australia. El olivo llega a desarrollarse y a
conseguir una completa maduración de sus frutos hasta
los 600-700 metros sobre el nivel del mar, aunque en
algunas regiones de España y Marruecos también se
cultiva más allá de los 1000 m. de altura.
El olivo es un árbol que puede tomar dimensiones y
formas muy variables. Tiene hojas largas de una media de
5 a 8 centímetros, verdes en la parte superior y grises
plata en la parte inferior, que viven una media de unos
3 años. El tronco aparece gris-verde y liso hasta
aproximadamente los diez años; luego se vuelve nudoso,
con surcos profundos y retorcidos y toma color oscuro,
casi negro. Las raíces tienen muchas ramificaciones
superficiales que desarrollan la mayor parte de la
actividad de absorción nutritiva. Se extienden
horizontalmente hasta 2-3 veces la altura de la planta y
penetran en el suelo, en los suelos más fértiles, hasta
1,5 ó 2 metros de profundidad.
El olivo es un árbol robusto, capaz de resistir, en
invierno, temperaturas por debajo de los 6/7 grados bajo
cero, y de soportar largas sequías en verano.
Es cultivado en áreas con pluviosidad mediana de 350/400
mm. anuales y temperaturas veraniegas de hasta 40
grados.
EL CULTIVO DEL OLIVO
El
elevado número de variedades de olivo es debido a
modificaciones del genotipo (a causa de distintos tipos
de mutaciones) o por oscilación de los caracteres
varietales, a causa de condiciones ambientales.
Ciclo de la planta
-
De 0 a 7 años: implantación improductiva (a los 5
años se realiza un trasplante)
-
De los 7 a los 30 años (aproximadamente):
crecimiento con aumento continuo de la productividad
(el principio de la producción, con sistemas
tradicionales, se da a los 15/20 años; con sistemas
modernos, a los 5/10 años)
-
De los 35 a 150 años: madurez y producción masiva
-
Más allá de los 150 años: se inicia el
envejecimiento, aunque con productividad notable
durante siglos y, ocasionalmente, milenios
EL CULTIVO EN PRIMAVERA
La
primavera corresponde al despertar vegetativo de la
planta después de la pausa de los meses fríos y en esta
estación, en los olivares, es necesario abonar la
tierra, trabajarla para favorecer el almacenamiento del
agua y sobre todo podar los árboles. A veces, en años de
maduración tardía de las aceitunas, la colección se
dilata en los meses primaverales. En el pasado, cuando
se dejaban las aceitunas en los árboles hasta la caída
espontánea, se podían ver árboles con frutos maduros y
gemas al mismo tiempo.
EL
CULTIVO EN VERANO
El
olivo es capaz de sobrevivir en entornos áridos; sin
embargo, en determinados momentos de su ciclo
vegetativo, es importante que pueda gozar de una
aportación hídrica adecuada. En verano se da el
desarrollo y crecimiento de los frutos y el
endurecimiento del avellano, momento en el cual el color
verde de la cáscara se reduce y aparecen manchas
rojizas. Durante estas fases del crecimiento una
excesiva falta de agua provoca la caída de los frutos o,
en el mejor de los casos, se disminuye gravemente su
tamaño y el contenido de aceite. En este período las
aceitunas son expuestas a todos los daños provocados por
condiciones climáticas adversas o de enfermedades y
parásitos. Puede ocurrir que una óptima cosecha resulte
gravemente comprometido por estos factores.
EL CULTIVO EN OTOÑO
En esta estación se da la maduración de las
aceitunas, que pierden el color verde con el aumento del
contenido en aceite y la disminución del agua. También
en este período la falta de agua y sustancias nutritivas
pueden incidir notablemente en la cosecha ya que el
crecimiento y la maduración del fruto requieren una
constante aportación de sustancias y elementos
minerales. Recientes estudios han enseñado la estrecha
correlación existente entre la vegetación otoñal y la
productividad del año siguiente. En este período, entre
finales de septiembre y la primera mitad de octubre se
realiza la colección de las aceitunas verdes de mesa.
EL CULTIVO EN INVIERNO
La aceituna, durante la maduración, pasa del color
verde a lo morado y por fin al negro o casi, mientras
que la pulpa se vuelve bastante blanda. El proceso de
maduración sucede progresivamente y es muy lento, sobre
todo cuando la irradiación solar es menor. La aceituna
tiene que ser recogida cuando se ha desarrollado
plenamente, pero antes de que la caída de los frutos
maduros haya hecho disminuir la cantidad.
Grandes extensiones de olivar solicitan el empleo de
grandes cantidades de mano de obra durante largos
períodos. En efecto la mecanización de la colección no
está especialmente difundida y casi todos los sistemas
son manuales o semi-manuales
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