El Monte Testaccio: testimonio del aceite de oliva
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ene

El Monte Testaccio: testimonio del aceite de oliva

Monte Testaccio en Roma

 

Ya hemos comentado en anteriores entradas la importancia del aceite de oliva para la economía del Imperio Romano. Fruto de la intensa actividad comercial desarrollada alrededor de este producto, se erigió entre los siglos I y III de nuestra era el llamado Monte Testaccio, una colina artificial situada al sur de Roma y dentro del perímetro de la Muralla Aureliana, a orillas del Río Tíber.

 

En realidad se trata de una acumulación de fragmentos de millones y millones de ánforas de barro cocido (en latín, testae) utilizadas para transportar el aceite, en su mayor parte procedente de la Bética, que llegaba por barco al puerto de Ostia. Ocupa una extensión de unos 22.000 m2 y alcanza los 49 metros de altura. Los sellos impresos y las inscripciones pintadas en las ánforas han permitido a los arqueólogos seguir el rastro del aceite hasta centenares de fábricas repartidas por la Andalucía de aquella época, que abastecía de esta forma con su aceite de oliva a la capital del Imperio y a su ejército.

 

Ánforas de aceite en el Monte TestaccioLos envases del aceite no eran retornables, como en el caso del vino, por la dificultad que entrañaba su limpieza, de manera que una vez rotos, se depositaban sus trozos siguiendo un patrón constructivo que les dotara de estabilidad. Y así, este fabuloso montón de desechos mercantiles ha llegado hasta nuestros días como si se tratara más bien de un archivo acerca del comercio del aceite de oliva en la época.