
A diferencia de otros árboles, en el caso del olivo, el invierno en toda su extensión no es precisamente una etapa de poca actividad. Desde desde noviembre hasta febrero (otoño y primera etapa del invierno), el “ritmo” en los olivares está marcado por la clásica operación de “vareo“. ¿Te resulta curioso el nombre? Pues bien, no hay misterios.
Así se llama en la jerga de los cultivadores de olivo, al proceso de recolección de frutos maduros, que consiste (como ves en la imagen inferior más pequeña), en extender redes bajo los árboles y golpear las ramas con varas, para que los recolectores puedan recoger los frutos que ya están en su punto exacto. Es cierto, y puedes observarlo en la imagen más grande, que la tecnología ha sustituido esta operación con el uso de vibradores que producen el mismo efecto, haciendo que las aceitunas “vuelen” por el aire.
Pero esto no es todo, hay mucho más por hacer en invierno. El olivo es un árbol naturalmente resistente al frío, pero hay que aprovechar esta etapa para realizar algunas acciones que le benefician.
En lo que queda de febrero, el árbol ha quedado desnudo de frutos. Es el momento ideal para realizar procesos de poda y limpieza del mismo. Esta operación es vital para fortalecer la planta para la próxima cosecha, pues con una buena poda, el esperado sol de primavera será mucho mejor aprovechado.
Publicado por Eva en Cultivo, En Invierno el 18 Septiembre, 2008
